Hasta  2004 el departamento de Justicia Criminal de Texas publicaba en Internet la lista completa de los alimentos que habían sido solicitados por los prisioneros para su última cena. Más tarde la lista fue removida por presión de organizaciones en contra de la pena de muerte. Pero hay varias cosas que sí sabemos.

En  Virginia las reglas sobre la última cena son inflexibles,  y el condenado debe elegir entre uno de los 28 menús que se comen en la cárcel. En Texas, en cambio, el cocinero trata de adaptarse a lo solicitado.  Por ejemplo, un condenado pidió un filete mignon y el cocinero lo reemplazó con una hamburguesa. En otro caso, un condenado pidió 24 tacos y se le permitieron 4. En Florida, para evitar extravagancias, el costo de la última cena no puede exceder los 40 dólares, y debe ser elaborado con productos locales.

Timothy McVeigh, el hombre que asesinó a 168 personas e hirió a 500 en el atentado de Oklahoma de 1995, eligió un litro de helado de menta con chispas de chocolate. En cambio Larry Hayes, condenado por un doble asesinato prefirió un abundante menú: 2 hamburguesas con queso y doble pan, papas fritas, aros de cebolla, salsa de tomate, ensalada de coliflor, dos Coca-Cola light, un litro de leche, medio litro de crema, aderezo para ensalada, tomate y cebolla.

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